En el segundo capítulo, el juez que instruye el caso Jubany ordena la detención de Muntsa Careta. La policía está convencida de que también hay suficientes motivos para detener su pareja, Santi Laiglesia. Es más, afirman que probablemente quien mató la bibliotecaria es él, no ella. Aún así, Muntsa Careta ingresa en la prisión de Wad-Ras y comienza a escribir un diario. Sus cartas son el reflejo de un estado de ánimo muy frágil. Pasan los días y nadie sabe a ciencia cierta quién mató Helena Jubany ni por qué.