Jordi y Manuel se encuentran en las calles de la capital británica. Caminan, comen ‘fish and chips’ y charlan de la vida; se toman unas pintas en un pub y comparten escenario cantando juntos en un ‘open mic’. El artista recuerda su infancia, en la que le tocó vender las coquinas que mariscaban sus hermanos o pintar paredes para ganarse la vida. En la charla aparece el Manuel Carrasco que se moja, también en sus canciones, criticando la xenofobia de la ultraderecha o reivindicando lo andaluz. El lado menos conocido y agradable de su experiencia con ‘Operación Triunfo’ o sus primeros años en la industria también aparecen en la conversación.