El padre Tomás estaba casando a una pareja (ceremonia que contó con la cuestionada actuación del coro del convento Santa Rosa de parte del padre Fortunato) y, a partir de algunas frases que utilizó se desató un fuerte intercambio de opiniones con algunos de los presentes.
Las quejas por el desempeño del sacerdote llegaron directamente a oídos del arzobispo, quien decidió aplicarle una dura sanción al cura.
Enterada de la situación, Esperanza fue hasta el arzobispado, en busca de que se revea el castigo, pero, sin proponérselo, se le escapará una desafortunada revelación.