Montgat, marzo de 2000. Un jubilado vuelve a casa después de pasar la jornada en el centro de día. El cuidador que vive con él no abre la puerta. El jubilado avisa a su hijo, y el hijo llama la policía. La policía encuentra un hombre muerto, tendido en el suelo, completamente desnudo. Tiene el cuerpo lleno de cuchilladas, una flor en la oreja, y en las paredes de la habitación hay una frase escrita con sangre de la víctima: «Hitler tenía razón».