Todos los años, con el inicio del verano, nacen cientos de crías de foca en los bancos de arena y las playas del mar del Norte. Cuando los turistas se acercan demasiado, las madres se asustan y huyen, abandonando a sus bebés, que se quedan desvalidos y condenados a morir de hambre. Los rescatadores de la zona se hacen cargo de las crías, a las que llevan a la “guardería de focas”, donde son alimentadas hasta que pueden volver al mar.