En un remoto valle del País Vasco francés, cerca de la frontera con España, tres pueblos se han unido en torno a un reto: vivir y trabajar en el campo. Algunos jóvenes han decidido regresar para hacerse cargo de la explotación de sus padres. En el centro de este fenómeno se encuentra el cerdo vasco Kintoa, una raza porcina local, hasta hace poco en peligro de extinción.