Debido a la sequía y a los sangrientos conflictos entre las comunidades pokot e ilchamus, las jirafas habían abandonado el Gran Valle del Rift de Kenia. A mediados de la década de 2000, ancianos de estos dos grupos étnicos lanzaron un proyecto de conservación. Su objetivo era doble: reintroducir jirafas en la región y reconciliar a los dos pueblos rivales. A partir de entonces, las jirafas se convirtieron en un símbolo de paz.