La muerte de Marat es una cuestión de perspectiva: dependiendo de dónde te sitúes, no ves lo mismo. David solo vio a Marat. Pero en el siglo XIX los artistas representan también a Charlotte Corday, su asesina. Y en el siglo XX, Munch y Hldricka, imaginan una pareja. Otros, una mujer en una bañera. O Bin Laden... David tenía razón, nada es más fácil de manipular que una imagen.