Es la hora de la fiesta en La Madrague. Brigitte baila, redescubre un poco de alegría de vivir, y ni siquiera Jacques, que está enfurruñado, y el bebé, que llora, le estropean la velada. Ella se concentra en la preparación de «La Vérité», en la elección de su futura pareja y en su ambigua relación con el venenoso director. Jacques, en plena crisis nerviosa, entra y sale de la clínica, y el rodaje resulta difícil. Sólo Alain, su secretario de confianza, la consuela y comparte sus momentos de soledad. Clouzot aprovecha las fracturas de Brigitte; es duro y cínico. Su dirección, a veces incluso acompañada de violencia física, roza lo insoportable. El joven Sami Frey permanece mudo. Pero su indiferencia oculta sentimientos que le desbordan...