El crimen evoluciona. Y el veneno también. En este Bestiario nos adentramos en las versiones más sofisticadas, perversas y tecnológicamente refinadas del arte de matar sin ruido: toxinas invisibles, agentes nerviosos, metales pesados y sustancias diseñadas para no dejar rastro… o para dejar el mensaje muy claro.
Desde el arsénico que confirmó, cien años después, el asesinato del emperador chino Guangxu, hasta el talio utilizado por Sadam Husein para eliminar opositores con una muerte en diferido. Del paraguas que inoculó ricina al disidente búlgaro Georgi Markov en un puente de Londres, al polonio-210 servido en un té verde que acabó con la vida de Alexander Litvinenko.
Un recorrido por el ingenio homicida del siglo XX y XXI que demuestra que la creatividad humana no siempre se pone al servicio del bien. Porque cuando la bestia decide matar, puede hacerlo con una cápsula microscópica, un gas incoloro o una simple taza de té.