Abandonada en el porche de un orfanato, Candice White (Candy), siempre anheló unos padres. Ella veía como otros niños eran adoptados y sus amigos eran llevados lejos.
Con el tiempo, ella también fue adoptada, pero sus padres adoptivos no querían alguien a quien querer, más bien Candy llegó para ser una compañera de juegos de su hermanastra Eliza.
Eliza no tenía intenciones de ser amiga de una plebeya, más bien, ella y su hermano se dedicaron a hacer la vida de Candy tan miserable como pudieron.