Despertada por unos ladrones, la momia Ishtar volvió a caminar. Hércules partió en busca de la momia con la descendiente de Ishtar, la princesa Anuket. Pero el malvado Sokar también iba tras la momia. Sokar adquirió de Salmoneus el poderoso colgante de oro de la momia, conocido como el ankh, y se preparó para hacerse con el trono egipcio con la renuente Anuket a su lado. Pero Sokar fue asesinado por la momia, que absorbió su fuerza vital y creció hasta alcanzar un tamaño descomunal. Hércules derrotó a la momia dándole un fuerte tirón de las envolturas, desenredando el cadáver. El esqueleto cayó indefenso en un charco de cera caliente.