Tifón, el gigante gentil, y Echnida, la madre de todos los monstruos, enviaron noticias de su recién nacido a Hércules. Pero el ladrón Klepto secuestró al niño, una criatura parecida a un calamar llamada Obie. Klepto llevó al pequeño monstruo ante el señor de la guerra Bluth, al que había prometido poder y riquezas si podía entregar a Obie a Hera. Bluth intentó convertir a Obie en una máquina de matar, pero Hércules derrotó sin problemas a Bluth, que acabó empalado en su propia espada. Cuando devolvieron el niño a Echnida, ésta vio el creciente afecto de Klepto por Obie y perdonó al arrepentido ladrón.