Diego y Lucía fueron novios en la adolescencia, pero al alcanzar la mayoría de edad sus vidas tomaron rumbos diferentes. Ella se marchó a Barcelona y allí se casó, tuvo dos hijas y alcanzó un nivel de vida más que aceptable; sin embargo no era feliz y decidió divorciarse. Él no ha salido nunca del barrio, allí se casó y tuvo tres hijos, pero hace cinco años que enviudó y se quedó al cargo de los niños. Cuando los dos vuelven a estar solos, se encuentran en una carretera y deciden formar una familia.
Marcos, Guille y Curro, siguiendo instrucciones de su padre, ejercen de anfitriones con sus nuevas hermanas. Eva y Teté les siguen en su recorrido por la que a partir de ahora será su casa, que nada tiene que ver con la que han dejado en Barcelona, hasta que llegan a su nueva habitación. Las dos jóvenes tendrán que compartir dormitorio y muchas cosas más.