Un asesino en serie comienza a sembrar el terror en Londres. Sus crímenes siempre tienen un denominador común: las víctimas aparecen con la lengua arrancada y con una cucharilla de plata insertada en la boca. El inspector jefe Metcalfe, al frente de su equipo de detectives, es el encargado de investigar un caso que en principio parece estar relacionado con el mundo homosexual.
Sin embargo, el avance de las pesquisas determina que el móvil del psicópata tiene que ver con la religión: las víctimas están siendo eliminadas imitando las muertes de los doce apóstoles.