Quirke se siente más cómodo en la morgue del Hospital de La Sagrada Familia de Dublín que en la sociedad de los vivos. Las inconsistencias en la muerte de una joven mujer durante el parto llevan al inconformista médico a abandonar su autoimpuesto exilio en la investigación. Las pistas le llevan a siniestras maquinaciones, en las que no sólo su honorable familia juega un papel poco glorioso. La Iglesia Católica tiene también un rol en el juego.