Mejores amigos desde que tienen memoria, Tom y Lola son dos policías en extremos opuestos del espectro. Y francamente, entre un capitán del CID que habla duro y una agente de la DEA tranquila y reflexiva, se quieren, ¡pero las cosas a menudo se les van de las manos! Cuando Tom es abandonado por su mujer, Lola no puede dejarle sin hogar. Y menos con su hija de 14 años, que está con él cada dos semanas. Así que lo acoge. ¿Pero a qué precio? Su tranquilidad y la de sus dos hijos adolescentes, a los que está criando sola, se verán afectadas. Pero lo que Lola no se esperaba era que Tom, además de ser su compañero de piso, se convertiría en su socio en el CID.