Aparentemente neutrales, los mapas son en realidad herramientas de poder que determinan cómo pensamos el mundo. Aplicaciones como Google Maps o Waze, que nos geolocalizan en tiempo real y miden las distancias recorridas, conciben el espacio de una manera puramente utilitaria: ignoran cuestiones vitales como las dinámicas de dominación racial o los desafíos ecológicos.