Tres años después del comienzo de la guerra en Ucrania, la vida cotidiana en Rusia ha cambiado radicalmente. Los disturbios han dado paso a una nueva normalidad marcada por una calma aparente, en la que el estado de excepción se ha convertido en la norma. En las regiones desfavorecidas, el "dinero del ataúd" pagado a las familias de los soldados caídos representa una ganancia inesperada que beneficia sobre todo a la industria inmobiliaria.