Cuatro años de guerra han transformado a Rusia, tanto en el frente como en la vida cotidiana. Si bien es posible una vida aparentemente normal en el deslumbrante telón de fondo de Moscú, las consecuencias se sienten claramente en Yakutsk, la ciudad más fría del mundo en Siberia. Las críticas abiertas son poco frecuentes: quien contradice la narrativa oficial es reprimido.