De regreso en casa, luego de obtener prisión domiciliaria, Francisco se dijo listo para retomar su poder, pero fue su hija Inés quien le aclaró que está acabado y que Enrique es el futuro. El rencor de Francisco contra Luciana no se apagó al sentirse traicionado y le ordenó a uno de sus hombres ser despiadado con ella. Afortunadamente, Roberto apareció para salvar a la psicóloga de un triste final. Cansado de sus amenazas y de vivir bajo su control, Enrique llegó a un límite, sobre todo cuando se enteró de que Francisco ordenó hacerle daño a Luciana. Al tener indefenso a su suegro no se tentó el corazón para dispararle. Después de varios días negado a verla, Adrián finalmente aceptó hablar con su mamá. Arrepentido por todo los engaños y daños, el joven le aclaró a Inés que no desea volver a verla.