En la quietud de la noche, Esperanza cree escuchar el llanto de un bebé. Algo sobresaltada, piensa que sólo se trata de un sueño e intenta seguir durmiendo. Pero, una vez más, el sollozo se hace sentir. Así que decide levantarse y caminar en dirección a la capilla, de donde aparenta venir el sonido.
Allí se encuentra con el padre Tomás , a quien el gimoteo lo ha sorprendido en plena lectura nocturna.
Para su sorpresa, ambos descubren a un bebé de pocos meses que ha sido abandonado. Enseguida, la joven novicia lo toma entre sus brazos, lo cobija y arrulla para que deje de llorar. Y, gracias a esa magia y calidez que solo ella posee, consigue rápidamente que la criatura concilie el sueño y descanse.
La imagen maternal de Esperanza moviliza al cura, quien empieza a darse cuenta que esa mujer despierta en él un sentimiento muy profundo. Algo asustado, intentará sosegar su alma sobresaltada buscando respuestas en el Obispo.