Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín, Francia y la República Democrática Alemana mantuvieron lazos a pesar del conflicto entre el bloque del Este y el del Oeste. A partir de 1959, ciudades de ambos países se hermanaron y miles de hijos de trabajadores franceses disfrutaron de colonias de vacaciones en la RDA, al tiempo que la cultura francesa se exportaba y atraía a los ciudadanos de Alemania Oriental.