La locura no ha sido siempre una cuestión de salud, relegada al ámbito de la medicina. En la Edad Media y el Renacimiento, la figura del "loco" es omnipresente en el arte: encarna la angustia de una Europa convulsa, desorientada por la conmoción de los grandes descubrimientos, el cisma religioso de la Reforma y el advenimiento del capitalismo. A través de su poder subversivo, el loco estimula la imaginación, cristaliza las contradicciones de su tiempo y revela la modernidad incipiente.