En la India, las viudas sufren rechazo, estigmatización y tienen la obligación de vestir de blanco, un color asociado a la muerte. En la ciudad de Vrindavan, sin embargo, algunas de ellas encuentran refugio en hogares destinados a acogerlas. Allí, por primera vez, pueden participar en la celebración del Holi, la fiesta de los colores, y romper simbólicamente con una exclusión que ha marcado sus vidas.