Como Niko tiene una cita, Alex tiene que llamar a un taxi después de salir de una discoteca. Cuando la conductora lo secuestra y lo droga, consigue salvarse saltando del coche. En el hospital, solo recuerda unos golpes procedentes del maletero y fragmentos de palabras que también escuchó hace diez años, cuando detuvieron a su antigua compañera Grischka Tanner. En aquel entonces, ella acabó en la cárcel por las declaraciones de Alex. Ahora trabaja como psicoterapeuta en un centro de asesoramiento para mujeres víctimas de violencia. Un caso que lleva a Alex al mundo del psicoanálisis de Sigmund Freud.