Para cerebrar el cumpleaños de Aya y su gemelo Aki, la familia Mikage se reúne en la antigua casa del abuelo. Allí regalan a Aya una caja que contiene una mano putefracta, al abrirla Aki comienza a sangrar con varios cortes en el cuerpo. El abuelo Mikage obliga a su hijo a disparar a Aya, pero este se niega a matar a su hija y como consecuencia resulta muerto.