Crichton ha encontrado refugio en un Leviatán moribundo que se dirigía hacia el cementerio de esas naves. Su ocupación, durante un lapso indeterminado de tiempo, ha sido acabar de desentrañar los secretos de los agujeros de gusano y destilar alcohol. Su existencia de ermitaño se verá turbada por la llegada de Sikozu, perseguida por más alienígenas, a los que Crichton deberá enfrentarse, pues desean saquear el Leviatán.