Dédalo, el inventor, estaba consumido por la culpa por la muerte de su hijo Ícaro, que había volado demasiado cerca del sol. Cuando Hércules encontró a su viejo amigo en Eubea, el infeliz Dédalo estaba inventando armas de destrucción masiva para el cruel rey Nikolos. Hércules sabía que el rey se estaba aprovechando del dolor de su amigo. Nikolos intentó matar a Hércules con la última creación de Dédalo, el Megalito, pero Hércules fue más listo que el rey y destruyó la máquina y a Nikolos con ella. Dédalo quemó sus planos de armas y juró crear sólo cosas que ayudaran a la humanidad.