Leonardo se traslada a Milán, decidido a obtener el patrocinio del Duque Regente, Ludovico Sforza. Cuando la realidad sea menos atractiva de lo esperado y se le pida a Leonardo que se dedique a un gran espectáculo teatral en lugar de a una pintura, será un nuevo encuentro para ayudarle a liberar la imaginación, permitiéndole ver en el escenario una oportunidad.