Rocco está de nuevo en Aosta, ahora solo: Sebastiano está bajo arresto domiciliario, Furio y Brizio han desaparecido, Caterina ha resultado ser una espía. Solo le quedan Marina, que de vez en cuando vuelve para hacerle compañía, y su vecino Gabriele. Y luego, por supuesto, su trabajo. En Valpelline, a 1400 metros de altitud, el sacerdote Donato Brocherel ha sido encontrado muerto. Rocco, que tiene que lidiar con su malestar existencial, finge tener fiebre y encarga a su equipo que acuda al lugar del crimen en su lugar.