Cromwell está furioso por la falta de resultados de Shardlake y le da un terrible ultimátum. Conmocionado tras descubrir la historia detrás del arma homicida y al verdadero dueño de la espada, Shardlake se enfrenta a una dura elección: complacer a su amo o hacer verdadera justicia. Con todo en juego, regresa a Scarnsea.