Ya furioso por el nuevo sistema eléctrico defectuoso del hospital, Thackery encarga a Herman Barrow, el superintendente del Knick, que entregue más cadáveres para que él y su equipo puedan probar procedimientos quirúrgicos novedosos. Con más pacientes moribundos, Edwards ofrece compartir un procedimiento que aprendió en Francia, pero es rechazado por Thackery y Gallinger. Robertson localiza un brote de fiebre tifoidea; Elkins se gana la confianza de Thackery; La hermana Harriet rompe un tabú. Edwards encuentra una forma alternativa de ejercer sus funciones.