El comisario Beissl está fuera de sí. No solo porque su hija Eva está a punto de volverse loca por su trabajo escolar, sino porque nadie se ha percatado de un asesinato que ha tenido lugar a las 6:30 de la mañana justo delante de la comisaría. Max tiene que admitir avergonzado que se ha echado una siesta. Su compañera Caro sorprende a Max con su solidaridad.