Stan Marsh, Kyle Broflovski, Eric Cartman y Kenny McCormick viven en South Park, un pequeño pueblo de Colorado. Los cuatro son estudiantes de la escuela primaria del pueblo. Stan y Kyle son los mejores amigos. Kyle es el intelectual de la pandilla. Pero es judío y Cartman no lo soporta. Stan es quizás el más tranquilo de los cuatro niños. Cartman es el chico malo, revoltoso, manipulador, racista y con sobrepeso. Kenny lleva la capucha de su anorak tan apretada que ni siquiera se le ve la cara y su voz es confusa. Leopold Stotch, apodado Butters, es un niño maltratado e ingenuo y el chico de los azotes. Chef es el cocinero del comedor escolar. El Sr. Garrison es el director de la escuela que está bastante perturbado psicológicamente entre sus caprichos y sus perversidades.
Los cuatro niños vivirán su día a día entre insultos y desatinos. En South Park puede pasar de todo, una invasión alienígena, un concurso para convertirse en el mejor jugador de *Warcraft* de todos los tiempos, el regreso del "Salvador" o podemos conocer a Tom Cruise, Donald Trump, George Clooney o incluso a Servietsky, una toalla inteligente. Entre el humor escatológico con Little Poo Christmas o la burla al hambre y a los pobres, South Park es la ciudad de todas las posibilidades.
La cuenta atrás ya ha empezado: la temporada 38 de Los Simpson se estrena el 27 de septiembre de 2026, dentro de apenas 13 días, y Springfield vuelve a abrir sus puertas con una combinación muy reconocible de comedia absurda, crítica social y desastre doméstico marca Simpson. Después de 37 temporadas y 875 episodios, la serie creada alrededor de Homer, Marge, Bart, Lisa y Maggie sigue siendo una de las citas más identificables de la animación adulta, y su regreso a Disney+ tiene un atractivo muy concreto: no se trata solo de “otra temporada más”, sino de comprobar cómo una institución televisiva se adapta a los temas, ritmos y obsesiones culturales de 2026.
Para quienes se bajaron del tren hace años, no hace falta repasar toda la historia de Los Simpson para volver a entrar. Lo esencial sigue intacto: Homer continúa siendo el epicentro del caos, Marge la brújula emocional de una casa que siempre está a punto de incendiarse, Bart el niño que convierte cualquier norma en un desafío, Lisa la conciencia crítica de Springfield y Maggie la presencia silenciosa que a menudo entiende más que los adultos. Alrededor de ellos sigue orbitando una galería de personajes casi infinita: Mr. Burns, Moe, Flanders, el jefe Wiggum, Krusty, Milhouse, Skinner, el dependiente de la tienda de cómics y muchos más. La serie no exige ponerse al día con cientos de capítulos: basta con recordar que Springfield funciona como un espejo deformante de Estados Unidos, de sus medios, su política, sus modas y sus neurosis.
Lo interesante de la temporada 38 es que sus dos primeros episodios ya adelantan una dirección muy clara: historias familiares reconocibles, pero filtradas por situaciones inesperadas y un punto de extrañeza muy contemporáneo. El episodio 1 arranca con una autora británica de libros infantiles que llega a Springfield para dar una charla en la escuela primaria. Sobre el papel, parece una trama sencilla y escolar, ideal para enfrentar el mundo de la educación, la literatura infantil y la vanidad cultural. Pero hay un detalle decisivo: Homer debe recogerla en el aeropuerto, y a partir de ahí todo sale mal. Es el tipo de premisa que Los Simpson domina desde siempre, porque convierte una tarea cotidiana en una cadena de errores, malentendidos y consecuencias ridículas. También suena a una oportunidad perfecta para reírse de los eventos escolares, de los autores convertidos en celebridades y de la incapacidad de Homer para cumplir incluso la misión más simple.
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