De regreso a Florencia después de los años milaneses, a Leonardo se le ofrecen nuevas oportunidades pero no tiene la motivación adecuada para acogerlas, hasta que se le pide pintar el retrato de Lisa Gherardini que se convertirá en la Gioconda. Después del fracaso de su intento de arreglar las relaciones con Catalina, Leonardo acepta la oferta de ir a Imola.