Raphael Lantier aparece muerto en la calle, frente a una estatua de Cristo. Barbara Delandre cree que se suicidó para escapar de la justicia. Louise Arbus no está de acuerdo con ella. El asesino no lo habría desafiado con el asesinato de Sofía Pérez antes de quitarse la vida. Louise, Samuel, Mia, Boris y Valentine se cuelan en la casa de Lantier para trazar su perfil psicológico. Antes de que los sorprenda la capitana Delandre, tienen tiempo de plantear una hipótesis: Lantier era un ejecutor y el cerebro de los asesinatos sigue en libertad. Se denuncia otro crimen…