Después de conocer a Moloch sin poder verlo, Louise incorpora su manifiesto al artículo que está escribiendo para su diario. Gabriel profundiza en sus alucinaciones y comienza a temer que jugó un papel en la muerte de su hijo. La policía lo sospecha: es la única pieza del rompecabezas que se relaciona con todas las demás. Por miedo a ver arder a los niños, Louise llama a la policía al lugar de su nuevo encuentro con Moloch. Juzgando que ella ha traicionado su confianza, este último significa su sentencia de muerte. Gabriel sigue al fantasma de su hijo para encontrar una respuesta a las preguntas que lo atormentan.