Ray se rapproche de Molly Sullivan lorsqu'il réalise que leurs familles sont liées. Claudette, de son côté, débarque à New York et découvre que Daryll est dans le viseur du détective Perry. Enfin, Bunchy tente de tirer parti de sa nouvelle notoriété afin d'obtenir une augmentation...
La cuenta atrás ya está en marcha: la temporada 2 de The Gentlemen se estrena el 3 de septiembre de 2026 en Netflix, dentro de solo 8 días. La serie británica de acción, crimen y drama regresa con la promesa de ampliar ese universo de aristócratas arruinados, capos del cannabis, deudas imposibles y violencia cuidadosamente servida con traje a medida. No estamos ante una simple continuación: lo atractivo de esta nueva entrega es ver qué ocurre cuando Eddie Horniman deja de ser un intruso en el crimen organizado y empieza a moverse como alguien que ya entiende sus reglas.
Para quienes vieron la primera temporada cuando llegó a Netflix y necesitan un recordatorio rápido, The Gentlemen sigue a Eddie Horniman, interpretado por Theo James, un hombre que hereda de forma inesperada la enorme finca familiar y el título de duque de Halstead. Lo que parecía un legado aristocrático con más polvo que dinero resulta esconder un secreto explosivo: la propiedad forma parte de un imperio del cannabis gestionado por la familia Glass. A partir de ahí, Eddie se ve obligado a negociar con criminales, proteger a los suyos y aprender, casi contra su voluntad, que el mundo ilegal no se conquista solo con buenos modales.
El gran motor de la serie está en la relación entre Eddie y Susie Glass, interpretada por Kaya Scodelario. Él representa el linaje, la educación y el deseo inicial de mantener limpia a su familia; ella, la experiencia, la frialdad estratégica y el conocimiento real del negocio. La temporada 1 jugaba constantemente con esa tensión: ¿puede Eddie sacar a los Horniman del lodazal criminal o está descubriendo que ese barro le sienta demasiado bien? Ese es el punto exacto desde el que la temporada 2 puede volverse todavía más interesante, porque el protagonista ya no llega al tablero como víctima de las circunstancias, sino como alguien que ha probado el poder.