Tras una introducción acerca de lo que sucede cada semana en su aburrida vida, Bart ve un comercial para el último crucero y le ruega a sus padres unas vacaciones en familia. Como tienen muy poco dinero en efectivo, Bart decide vender todo lo que posee. Sin embargo, todavía no tiene suficiente dinero. Cuando se despierta a la mañana siguiente, se da cuenta de que su familia ve cuanto quiere el crucero, por lo que cada uno de ellos vende un objeto valioso (con la excepción de Homero, que está devastado al enterarse de que vendió su mesa de mini billar).