Alicia, encerrada en régimen de aislamiento tras dar una paliza a Kosa, está viviendo un auténtico infierno: ha recibido un chascarrillo con la noticia de la muerte de su hija. Es cierto que la policía ha desarticulado el grupo que traficaba con mujeres, pero no es el final del juego para Paul. Alguien que lo organizó todo sigue en libertad. Pola, tras enterarse de que Witkowski es un chivato de la policía, decide entregar al comisario Mario la pistola utilizada por Pawel para matar a Cedro. Sin nada que perder, Alicia decide entrar en oscuros negocios con Amfisa.