La impotencia de la policía ante los altos índices de delincuencia decepciona a Leah. Cuando se archiva otro asesinato de un chico joven, no puede quedarse de brazos cruzados. Decide levantar la voz. Magnus y Sara tiran en direcciones opuestas en sus enfoques del trabajo. Se les da la responsabilidad conjunta sobre un hombre indefenso, lo que pone aún más presión en su relación. Las cosas empeoran cuando Sara recibe una visita inesperada. Leah le ha dicho a Jurek que se calme y que no coja un arma. No escuchó.