Paige trata de conseguir su antiguo puesto como asistente social, pero la reaparición de Sam, su padre Luz Blanca, cambia sus planes radicalmente. Todo parece estar relacionado con el demonio Vaklav, que utiliza una cámara para capturar a sus víctimas a quienes hace desaparecer cuando les hace una foto. Mientras tanto, Piper y Leo acuden a un consejero matrimonial que les somete a una singular terapia para arreglar sus desavenencias.
En un mundo donde la magia es tan real como peligrosa, *The Magicians* se convierte en una joya imprescindible para los amantes del género fantástico. Estrenada en 2015, esta serie estadounidense lleva a los espectadores a través de un viaje lleno de emociones donde la realidad y la fantasía se entrelazan. Basada en las novelas de Lev Grossman, la trama sigue a Quentin Coldwater (interpretado por Jason Ralph), un joven brillante pero inadaptado que descubre que su sueño infantil sobre un mundo mágico no es solo ficción. En lugar de eso, se enfrenta a una dura realidad: ese mundo puede ser tan peligroso como deslumbrante.
La historia comienza cuando Quentin es admitido en Brakebills University, una institución secreta dedicada a enseñar magia. Al llegar, Quentin se encuentra con un grupo diverso de personajes igualmente fascinantes: desde Julia Wicker (Stella Maeve), su amiga que busca su propio camino hacia la magia; hasta Alice Quinn (Olivia Taylor Dudley), quien proviene de un trasfondo complicado pero está decidida a dominar sus habilidades mágicas. Juntos, forman un equipo que explora no solo las maravillas del poder mágico sino también las sombras que acechan su existencia.
Uno de los puntos más destacados de *The Magicians* es su habilidad para abordar temas profundos como la amistad, el poder y el autodescubrimiento. A medida que los personajes navegan por sus desafíos personales y por el oscuro mundo mágico que han elegido explorar, se enfrentan a decisiones difíciles y consecuencias inesperadas. Cada episodio está repleto de giros sorprendentes y momentos emocionales que mantienen al espectador al borde del asiento.