Lucien, el esposo del contrabandista cuya identidad tomó Suzanne, es ingresado en el hospital. El aviador herido le pide que siga fingiendo ser Jeanne. Suzanne está atónita: ¿qué quiere él y por qué? Caroline, que se niega a transformar su taller en una fábrica de municiones, tiene la idea de fabricar ambulancias. La ayuda Marguerite, que busca una solución para las prostitutas que padecen sífilis y que Marcel echa a la calle. Agnès, mientras tanto, comete lo irreparable...